Archivo de la categoría: Soneto

Pigmalión – José Hierro

Soplé en tus ojos. Luego dije: ‹‹Toca
la luz, mira la vida, cara a cara››.
Alma mía, obra mía, con mi vara
hice manar el agua de tu roca.

Sé libre, alma fluvial. Ve: desemboca
en el mar vasto, canta y sueña. Para
en un remanso, una mañana clara,
donde el amor venga a besar tu boca.

Pero tú te has negado a tu destino.
Cantando huías –eras libre–, el vino
se derramaba de los odres llenos.

Y tú bebiste hasta saciarte. Ahora
no precisas de mí, mi creadora.
Eso era todo. Nada más ni menos.

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AUTORRETRATO – Bernardo Schiavetta

Renegrido, negral, bruno, quemado,
Pardusco, ceniciento, gris, plomizo,
Perlino, cano, cándido, rojizo,
Rosa, amaranto, carmesí, encarnado,

Lacre, rubí, coral, arrebolado,
Bermellón, escarlata, bermejizo
Naranja, flavo, rútilo, pajizo,
Melado, rubial, áureo, dorado,

Verde, verdoso, verdemar, verdino,
Verdinegro, oliváceo, cetrino,
Verdemontaña, verdeceledón,

Glauco, turquí, cerúleo, azulino,
Violáceo, morado y jacintino,
Mi color es color camaleón.

Soneto de Miguel de Cervantes a Don Diego de Mendoza y a su fama.

En la memoria vive de las gentes
varón famoso, siglos infinitos,
premio que le merecen tus escritos
por graves, puros, castos y excelentes

Las ansias en honesta llama ardientes,
los Etnas, los Estigios, los Cocitos
que en ellos suavemente van descritos,
mira si es bien, ¡oh fama!, que los cuentes

y aunque los lleves en ligero vuelo
por cuanto ciñe el mar y el sol rodea
y en láminas de bronce los esculpas;

que así el suelo sabrá que sabe el cielo
que el renombre inmortal que se desea
tal vez le alcanzan amorosas culpas.

A un desconocido – Alfonsina Storni

En esta tarde de oro, dulce, porque supongo
que la vida es eterna, mientras desde los pinos
las dulces flautas suenan de alados inquilinos,
siento, desconocido, que en tu ser me prolongo.

Los encantados ojos en tu recuerdo pongo:
¿Quién te acuñó los rasgos en moldes aquilinos
y un sol ardiente y muerto te puso en los divinos
cabellos, que se ciñen al recio casco oblongo?

¿Quién eres tú, el que tienes en los ojos lejanos
el brillo verdinegro de los muertos pantanos,
en la boca un gran arco de cansancio altanero,

y a mi pesar arrastras, colgante de tu espalda,
como un manto purpúreo o una roja guirnalda,
por la ciudad del Plata mi corazón de acero?

Lloraba recio, golpeando, oscuro… – Rafael Alberti

Lloraba recio, golpeando, oscuro,
las humanas paredes sin salida.
Para marcarlo de una sacudida,
Lo esperaba la luz fuera del muro.

Grito en la entraña que lo hincó, futuro,
Desventuradamente y resistida
Por la misma cerrada, abierta herida
Que ha de exponerlo al primer golpe duro.

¡Qué desconsolación y qué ventura!
Monstruo batido en sangre, descuajado
De la cueva carnal del sufrimiento.

Mama la luz y agótala, criatura,
Tabícala en tu ser iluminado,
Que mamas con la leche el pensamiento.

La Pendiente – Luis Rosales

YA EL SUEÑO HACIA LA MUERTE SE HA INCLINADO;
dame tu mano, Abril, sólo te pido
que quede la esperanza en lo que ha sido
y el trigo limpio en su sazón cortado.

No sé si tengo sed y he despertado
en la aceña del agua del olvido;
no sé, dintelo tú, si me he sentido
por mis propias palabras engañado;

no sé, dimelo tú, si en tu aspereza
no hay siempre un ademán de despedida
y hay un viejo mendigo puesto en cola;

la intensidad mantiene su pobreza,
su harapo de soñar, su desvalida
pasión por ti que permaneces sola.

Sabes mi corazón… – Pilar Paz Pasamar

Sabes mi corazón como un camino
que hayas cruzado una y cien mil veces,
como el oficiador sabe sus preces.
Haces costumbre del Amor mi trino.

Te sabes de memoria mi destino,
y en su tierra te hundes o te creces,
cosa que no has ganado ni mereces
pero que quiero darte como un vino.

Sabes tanto que sabes que no puedo
llegarme a otra fuente que tu boca
y que no tengo libre la mirada.

Sabes que te prefiero y que concedo
todo lo que tu dulce mano invoca.
Que en ti está todo, y lo demás es nada.