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Tu orgullo – Marià Manent

Il mar la terra e il ciel miro e sorrido.
LEOPARDI

Te ponía el orgullo una viva aureola
y me dejaste la soledad. Aún
percibo en mí el desgarro de la hora:
un llanto de astros, y vuelo de hojas muertas
color cobre y una neblina fría
sobre mi corazón. Pensé que fuera
la soledad mi vida taciturna
que se nutría del recuerdo espléndido
y amargo de tu orgullo ¡oh diosa clara!

Sin tu voz, sin tus ojos, ni la sombra
de tu cabello de oro en la frente, ni el rostro
como una rosa pálida, mi vida
seria un gran vado que sonara
al recordar. Mas tu orgullo me hacía
un gran regalo: el universo era
mi tesoro otra vez. La acacia verde
en la fuente traslúcida, la nube
color miel y el azur fresco tal agua
de espíritu tranquilo, el fino astro
y la ancha mar y la música clara
de los pinos y aquel viñedo púrpura…
Todo tornaba a mí en aquel setiembre
dorado y moribundo. Bello acuerdo
en el mundo, las cosas: armonía
de amor y claridad. ¡Oh diosa altiva!

Si por tu luz dejaba el universo
tu áspero orgullo me lo torna entero,
calma mi soledad. Y todavía
veo en el fondo tu más pura luz.

Luna de enero – Marià Manent

Afuera hace una noche plateada y muy clara
¡y yo encogido cerca de mi fuego mezquino!
La luna está velando, lo mismo que una madre,
a la encina, al paraje, al estanque dormido.

Percibo bien que un gran deseo invade
mi pecho, y yo quisiera sentirme espabilado
y caminar, bajo la luna clara,
por trochas donde brilla el romero escarchado.

Pero me quedo cerca de mi fuego mezquino.

La noche – Marià Manent

La ciudad de la Noche se abre, calma
con luz y azules plazas. Es silencio y cristales.
Diríais que nos cela
encima de este valle
cuyo aroma ha crecido en el viento y la lluvia
de setiembre. Ahora, lejos, se oyen vagos relinchos.
¿Es un búho en lo oscuro o bien sube en carroza
el tiempo, con su barba de bosques y de grillos?

El silencio es son de aguas. La noche suave
nos vigila y nos piensa.
¡Oh Rey desconocido que nos diste un palacio
de temor y belleza!