Más luz sobre la belleza oscura de Alejandra Pizarnik por Winston Manrique Sandoval (23-03-2013)

Se encienden más luces que amplían la leyenda de Alejandra Pizarnik, una de las poetas hispanohablantes más importantes de la segunda mitad del siglo XX, que aclaran su proceso creativo y aumentan la belleza de su enigmática y sobrecogedora poesía.

Antes de empezar a balancearse en el borde del abismo, Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972) ya escuchaba el seductor rugido del fondo silencioso.

“Apenas aparezco todo se vuelve una imagen lejana que está en un lugar al que accedo si me destruyo y me desmorono”.

Pasos literarios del 16 de abril de 1962, encaminados ya a su horizonte definitivo, reflejados en Fragmentos de un diario. París 1962-1963. Una joya personal que por primera vez ve la luz de manera completa y que muestra la clara vocación de libro a que aspiraba convertirlo Pizarnik. Una edición facsimilar de cien ejemplares, reveladora sobre la vida de la poeta y de su carpintería literaria, de cómo utilizaba sus diarios como laboratorio para su poesía y su prosa, y de la estrecha relación entre vida y obra, a cargo de Ana Becciú (poeta, traductora y editora de Diarios, de Poesía completa y Prosa completa, de Pizarnik) y que publica Del Centro Editores, del Centro de Arte Moderno de Madrid.

Cuarenta años después de su suicidio, el 25 de septiembre de 1972, a la edad de 36 años, los ecos de leyenda de Pizarnik no cesan, ni tampoco su prestigio ni el interés por el estudio de su obra. Aquí reflejados en 86 páginas mecanoescritas y con las perforaciones del anillado. “Ella trabaja y experimenta en esas páginas su manera de escribir”, confirma Becciú, amiga y experta en su obra. Esta edición, añade, permite apreciar la evolución de su escritura, las vías que explora a través de sus correcciones hechas a mano sobre cada entrada del diario: palabras, frases, flechas en todas direcciones y tachaduras firmes y culebreras.

Original de los diarios ‘Fragmentos de un diario. París 1962-1963’.
Su diario nada tiene que ver con las actividades y situaciones que normalmente se reflejan en un diario. En los suyos, explica Becciú, “hay abstracción permanente y pura, al modelo Kafka”.

Una escritura que no acaba nunca. Alejandra Pizarnik escribe los diarios originales a mano, entre 1952 y 1972, luego los pasa a máquina donde ya los retoca, los reescribe (de ahí sale el volumen Diarios, en Lumen), pero luego esa versión reelaborada la vuelve a pasar a máquina en otra reescritura conservando la fecha original, y eso es lo que se edita ahora.
Pasajes que corresponden a su estancia en París, pero que ella reescribe ya a su vuelta en Buenos Aires a partir de 1964. La poeta publicó en vida algunos fragmentos de estos trabajos en revistas con el mismo título. Esta edición, resumen, Claudio Pérez Míguez y Raúl Manrique Girón, del Centro de Arte Moderno, “es un cuerpo orgánico, fragmentos del diario personal que ella misma procesó y organizó para su edición, transformando sus impresiones en una obra literaria”.

Ahora, un asomo a los momentos de creación y cambios:

“Me había prometido el exacto significado de las decisiones. Y también no perseguir frases espectrales en el silencio insomne. Me lo había prometido” (segunda fase del diario, primera reescritura del 22 de junio de 1962).

“Me había prometido el exacto significado de mis decisiones. Me había prometido no perseguir frases espectrales en el silencio insomne”. (tercera fase, segunda reescritura, 22 de junio de 1962, y publicada en estos Fragmentos).

Son antes de la ruptura con su lengua. En la mitad de su tiempo hondo y abisal. Tiempo Pizarnik. De poesía sombría, apesadumbrada, lúgubre y todas las demás palabras primas que puedan hacer una comparsa con éstas, pero en cuyas combinaciones anida la belleza del misterio y una invitación a otras miradas sobre el vivir: memoria-recuerdo-anhelo-dolor-muerte-sueño.

Los temas de sus diarios son la infancia, el origen, la familia, el idioma, la sexualidad, la muerte, la soledad, el amor…

Ella, en duelo perpetuo con el idioma, con la palabra, con el lenguaje. Al ser hija de padres inmigrantes judíos rusos, empezó un diario hacia la edad de 16 años, de espalda a la anécdota y a la curiosidad, en las lindes de la prosa y la poesía.

“Esta voz aferrada a consonantes. Este cuidar de que ninguna letra quede sin enunciarse” (7 de septiembre de 1962).

Es la creación del lento universo Pizarnik. La vida concebida como lenguaje pero uno incapaz de condensar lo que pensaba y sentía. Obsoleto. Con fecha 3 de enero de 1962 reescribió un párrafo largo original que dejó en esto:

“En mí se habla en infinitivo.

Esto es lo trágico; yo sé lo que quiero”.

Bibliografía
La tierra más ajena, 1955.
La última inocencia, 1956.
Las aventuras perdidas, 1958.
Árbol de Diana, 1962.
Los trabajos y las noches, 1965.
Extracción de la piedra de locura, 1968.
Nombres y figuras, 1969.
El infierno musical, 1971.
La condesa sangrienta, 1971.
Los pequeños cantos, 1971.
El deseo de la palabra, 1975.
Textos de sombra y últimos poemas, 1982.
Zona prohibida, 1982.
Prosa poética, 1987.
Poesía completa 1955-1972, 2000.
Diarios, 2002.

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