El viejo poeta de Alejandría por Luis Antonio de Villena (Diario El Mundo 21-10-2015)

Viene una nueva traducción (y en bella edición bilingüe) a sumarse a las no pocas que existen en español -acá y en América- del “viejo poeta de Alejandría”, como lo llamó Durrell en su Cuarteto… El nuevo y pulcro traductor de Pre-Textos, Juan Manuel Macías, poeta también, recuerda en su prologuito que la llamada “literatura neohelena” o “neogriega”, es decir la de la Grecia moderna por oposición a la Hélade clásica, aunque es ya una literatura rica y con premios Nobel “sigue teniendo una suerte de clandestinidad para el resto del mundo”. Aunque las cosas van mejorando y mucho, creo, no deja de haber un claro fondo de verdad en ese aserto: Seferis, gran poeta, parece en exceso bajo la tutela de Eliot; Elytis (premio Nobel como Seferis) se mueve en una delgada minoría que se parece al olvido; y el poderoso y prolífico Ritsos, no tiene la fama que tuvo en la época que favoreció la poesía con compromiso político… Podíamos extendernos más (la literatura neogriega del XIX, Palamás, casi ni se nombra) pero en realidad queremos marcar una excepción a cuanto puntualizamos: Constantino Cavafis (1863-1933). Cavafis, siempre póstumamente, pues en vida lo conoció una minoría exigua y no publicó ningún libro como tal, es el infaltable, casi el único, el poderoso, el seguro poeta de la Grecia moderna, el universalmente traducido y reconocido.

Ello -desde luego merecido- es raro en alguien que se sintió más un poeta helenístico que estrictamente griego, y que no buscó apenas ninguna notoriedad, acaso porque celaba algo su amor a los muchachos sobre lo que había escrito, pero también por su propia concepción de la lírica y porque siempre prefirió Alejandría (donde está enterrado) mejor que Atenas. Cavafis fue un poeta tardío, porque inicialmente es un poeta simbolista, como su juventud pedía, pero se halló al mezclar sus vivencias y recuerdos con la rica tradición del helenismo y en parte principal con epigramatistas de la Palatina como Meleagro o Calímaco… Esperando a los bárbaros -uno de los poemas más conocidos del autor, escrito en 1904- es ya Cavafis puro, pero la huella simbolista/decadente, el Verlaine de “Je suis l’Empire à la fin de la décadence”, soy el Imperio al fin de la decadencia, está muy cerca, aunque el alejandrino dé un espléndido y sorpresivo giro final: “Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros…”

Al hablar de Alejandría y Antioquía en el periodo helenístico a al fin del Imperio de Roma, Cavafis supo meter su vida allí, igual que su Alejandría cosmopolita e internacional, de la que ya no quedan sino vanos edificios en la hermosa Corniche. Cuando leemos (es uno de mis preferidos) Sofista que abandona Siria -de 1926- no pensamos en la Siria romana, pensamos en algo próximo, y al bello Mebis “el más amado” y mejor pagado, creemos saberlo y haberlo visto en anuncios y modeleo internacionales… Cavafis fue un homosexual amante de los chicos jóvenes, un ciudadano melancólico, y un aficionado o experto en historia y literatura griega helenística. Nadie como él hizo lo que tantos han seguido: usar la tradición como impulso. Lógico: Cernuda adoró (leído en inglés) El dios abandona a Antonio. Cavafis es perenne con toda razón viva.

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