Calma – Gioconda Belli

Permití que tus manos
encuentren sus reptiles ancestros
para que se deslicen
como serpientes
por la profunda espesura de mi pelo.

La cúpula de mi templo
es el ámbito que encierra
la sacrosanta arca de la alianza.
Mis orejas, los minaretes
para los cánticos más húmedos
de tu lengua.

Invertí el órden.
De arriba abajo
Hacé tu camino de ladrón
descendiendo desde la bóveda
colgado de la más larga de mis pestañas.

En el tobogán del cuello
Deslizate como el sabio que busca inutilmente
La cuadratura del círculo
Y lanzado fuera de vos mismo
Recorré el valle tenso
Que yace entre mis dos pechos

En el cenote de mi ombligo
Deposita un beso mercurial
Que se enrede por los laberintos hondos
Por los que se llega a la misma memoria
Del vientre de la madre.

De allí en adelante
Dejate guiar por la locura
Por la avaricia de tu paladar
Por tu vocación de explorador
En busca del Centro de la Tierra

Sé el minero que a tientas
Descubre las vetas de sal
Que el mar olvidó en las cuevas femeninas
Donde la vida tiene su refugio.
Aferrate a la húmeda rosa de los vientos
Más poderosa que los huracanes del Caribe
O los maremotos del Pacífico.

Calma tu sed y tus furias en mi,
En el fondo de musgo y algas
Que gimiendo te devuelve
A la breve, eterna seguridad
Del paraíso perdido.

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