Los primeros poemas de amor – Jorge Riechmann

1
En ellos uno escoge
casi arbitrariamente un objeto
cálido, apetecible, curvilíneo
para fantasear sobre él

(a veces
ni siquiera es preciso el objeto:
impenetrables los caminos de Narciso).

No se habla del otro: se habla
de la propia ansia
del propio miedo
del propio dolor.
Autoindulgente campanero de cristal
echando la vida al vuelo.

Más adelante se aprende, poco a poco
a menudo con crujir de dientes
y gustosas angustias
y estrujones de corazón, la enorme
distancia que separa un cuerpo de otro
cómo a veces se salva en un instante
cuán radicalmente
es cada ser humano un infinito.
Se llega a estar ante el otro
como ante una patria remota.
Dicho sea de paso
lo antedicho no solamente ocurre
con los poemas de amor.

2
He regresado a casa llevándote en los labios
asediado en mi gozo por tus dedos de nata

He regresado a casa con tu calma en los brazos
atropellándome algo en las lindes del pecho

Herido por la lluvia he regresado a casa
he perdido mi sangre y he ganado la tuya

He regresado a casa con acrobacia fácil
atónito del largo azar de tu caricia

He regresado a casa con tu cuerpo en los dedos
me he cortado los brazos y tu cuerpo persiste
afirmando en el tacto su trabazón de dicha
Qué dulce riesgo ser ladrón de tu cintura

He regresado a casa en este país cálcico
donde en los huesos crecen delgadas llamas negras

He regresado a casa y me he echado en la cama
con un alba asesina que me roba los párpados

He regresado a casa sin regresar ausente
y hasta el oxígeno dice la magia de tu risa

He regresado a casa desnudo por el aire
Es más frágil el pecho que el hálito que alberga
He nacido esta noche del collar de tu abrazo.

1
En ellos uno escoge
casi arbitrariamente un objeto
cálido, apetecible, curvilíneo
para fantasear sobre él

(a veces
ni siquiera es preciso el objeto:
impenetrables los caminos de Narciso).

No se habla del otro: se habla
de la propia ansia
del propio miedo
del propio dolor.
Autoindulgente campanero de cristal
echando la vida al vuelo.

Más adelante se aprende, poco a poco
a menudo con crujir de dientes
y gustosas angustias
y estrujones de corazón, la enorme
distancia que separa un cuerpo de otro
cómo a veces se salva en un instante
cuán radicalmente
es cada ser humano un infinito.
Se llega a estar ante el otro
como ante una patria remota.
Dicho sea de paso
lo antedicho no solamente ocurre
con los poemas de amor.

2
He regresado a casa llevándote en los labios
asediado en mi gozo por tus dedos de nata

He regresado a casa con tu calma en los brazos
atropellándome algo en las lindes del pecho

Herido por la lluvia he regresado a casa
he perdido mi sangre y he ganado la tuya

He regresado a casa con acrobacia fácil
atónito del largo azar de tu caricia

He regresado a casa con tu cuerpo en los dedos
me he cortado los brazos y tu cuerpo persiste
afirmando en el tacto su trabazón de dicha
Qué dulce riesgo ser ladrón de tu cintura

He regresado a casa en este país cálcico
donde en los huesos crecen delgadas llamas negras

He regresado a casa y me he echado en la cama
con un alba asesina que me roba los párpados

He regresado a casa sin regresar ausente
y hasta el oxígeno dice la magia de tu risa

He regresado a casa desnudo por el aire
Es más frágil el pecho que el hálito que alberga
He nacido esta noche del collar de tu abrazo.

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